Hace unos meses, mi vida dio un giro inesperado. A los 50 años, comencé a experimentar síntomas que nunca antes había sentido: dolor constante en la zona pélvica, dificultad para orinar y una sensación de malestar que no me abandonaba. Fui al médico y, después de varios exámenes, me diagnosticaron prostatitis. No podía creerlo. Siempre había sido una persona activa, pero ahora me sentía limitado por esta condición. Cada día era una lucha contra el dolor y la incomodidad.